Las “mamis” que hacen puerta

Yararás en jogging y riñonera invaden las puertas de los colegios. Son una epidemia. Ese es su hábitat; su lugar. Miran de costado y hablan por atrás. Se disfrazan de simpáticas, pero mienten. Lo único que pretenden es hacerte “caer”. Hacerte hablar. Que les cuentes de tu vida para aprovecharse de cada palabra que tímidamente te animes a decir y, sin permiso ni piedad, terminar escupiendo el resentimiento que las corroe en la misma vereda que las cobija y las alberga.

En las mismas baldosas donde dejan las huellas de su resentimiento y su maldad. Y si sos una “mami” nueva, ni te cuento. Te escanean. Te investigan. Te detestan. Viven criticando tu ropa, tu cara y tu cuerpo, pero son incapaces de mirarse al espejo de su realidad. Y lo bien que hacen.

Enroscadas en su propio veneno y sin poder disimular, le sacan el cuero a cuanta madre aparezca. O a cualquier persona que se les acerque y se anime a saludar. Inventoras del famoso “chat de mamis”, pueden pasarse horas discutiendo si el papel del regalo de la maestra va a ser de color azul, verde, violeta, anaranjado, amarillo, con rombos, con lunares o color coral.
Fanáticas de los dobles discursos se autodeclaran “protocolares” y educadas, pero son capaces de mandar a matar a la modista si no termina el disfraz de “campanita” a tiempo. Mientras tanto, y como si todo esto fuera poco, crean un grupito anti bullying para enseñarles a sus hijos buenos modales, educación, respeto al prójimo y moral. Te envían tarjetitas explicando las intenciones. Te llaman. Te torturan. Te obligan a participar.

Vamos, “chicas”, que estamos grandes. El ejemplo empieza por casa.

– Luciana Prodan – (Revista PARA TI, septiembre 2015)

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