Solterita y ¿sin apuro?

Por alguna extraña razón (o por los mandatos que hemos heredado y han quedado grabados a fuego en nuestras venas) las mujeres somos perseguidas –desde siempre- por el viejo y renovado estigma de la soltería. Un viejo y renovado estigma que nos persigue (pisándonos los talones y el orgullo ) a cada reunión social o familiar a la que nos inviten y, como si eso fuera poco, se mete cada noche en nuestra cama haciéndonos sentir solas…¿ y culpables? .

Como sea, la lectura que la sociedad –y nosotras mismas- hacemos del asunto convierte a los hombres solteros en una especie de seres superados o seguros de sí mismos, y a las mujeres –que tienen el mismo estado civil- en insatisfechas, solas, fracasadas, resentidas o frustradas.

Resulta curioso, con los hombres no sucede lo mismo. O mejor dicho, sucede todo lo contrario. O sea, si un hombre está soltero deducimos (indefectiblemente) que es una elección. Que lejos de ser un “defecto” o un padecimiento, este pobre hombre todavía no ha encontrado a “esa” mujer que comprenda la naturaleza de su esencia. Entonces, de la manera más prolija e inteligente, espera la llegada de esa compañera que todavía no tuvo la “suerte” de encontrar. Y digo la suerte, porque muchos, en lugar de sufrir la soltería –a diferencia de nosotras- la festejan y brindan con los amigos en cada asado por un año más sin llamados, ni reclamos, ni compromisos.
Afortunadamente, todo lo establecido respecto a la soltería es prejuicioso y falso. Porque cada mujer vive la soltería como puede. Están las que aman la soltería y la sienten como un momento más de la vida; y las que la eligen como una opción, si de parejas hablamos, porque creen en otro tipo de vínculo que no debe ser el del compromiso absoluto. Están las comen 3 kilos de helado… y las que bajan 15 kilos en el gimnasio.

Por eso, desde mi punto de vista, soltería y soledad refieren a dos realidades completamente diferentes. La soledad (aunque parezca una redundancia) no tiene que ver necesariamente con la presencia de una pareja. La soltería, sí. Es importante dejar de transformar un estado civil en un estado del ser. Es vital entender que estar solas, no es lo mismo que estar solteras. Por otra parte, esta traspolación, además de nociva y tramposa, ha alimentado a varias generaciones de mujeres que, en muchos casos, prefirieron vivir sus días (civilmente casadas) desde una clara y desalentadora soledad vital. Y nosotras sabemos muy bien, que estar solas pero acompañadas es sentir la cama más vacía que nunca.

Entender que estar solteras no es un karma, me parece interesante. No es una brujería que nos hicieron, ni el final de nada. Estar solteras es –entre otras cosas- la posibilidad de hacernos felices todos los días. Y para eso…¿quién mejor que nosotras?

– Luciana Prodan – (Revista PARA TI, mayo 2015)

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